miércoles, 5 de junio de 2013

CONCIENCIA HISTÓRICA HISPANOAMERICANA




      CONCIENCIA HISTÓRICA HISPANOAMERICANA

ACADEMIA DE HERNÁN CORTÉS, A. C.

“Por la difusión de la verdad histórica”


REFLEXIONES DIRIGIDAS A LOS ESTUDIANTES DE LA HISTORIA

Considero que, el ser humano, para ser tenido como tal, para conducirse de acuerdo a la misión encomendada por el Creador, debe tener conciencia del lugar que ocupa sobre la tierra, de su entorno geográfico y de porqué ha llegado ahí. 

Primeramente, el hombre, debe considerar su fe religiosa, dado que toda sociedad humana, naturalmente, llega a tener alguna creencia en la divinidad. No ha existido sociedad humana, desde el alba de los tiempos, que haya sido atea. Los ateos son algunos individuos aislados que en sus elucubraciones intelectuales se pronuncian agnósticos o ateos. Pero los grupos humanos, aún los más primitivos siempre se han conformado alrededor de alguna deidad.

Con mayor razón las sociedades mas elaboradas, han llegado a comprender mejor la relación de sus miembros con el Creador del Universo,  es entonces, cuando aparece la religión o la creencia religiosa de los componentes de esa sociedad. Los individuos  sabrán  lo que creen y por tanto, tendrán  conciencia religiosa.

En segundo lugar, el hombre, conocerá la cultura a que pertenece, es decir, la que vive cotidianamente: el idioma que modela su pensamiento, y sus costumbres que lo caracterizan y lo distinguen de las otras sociedades. El conocimiento de lo anterior le proporcionará, conciencia cultural.   

Ahora bien, a partir de estas dos actitudes conscientes, la fe religiosa y la cultura; teniendo en cuenta los sucesivos acontecimientos en el tiempo; formará  su historia, que bien aprendida,  le dará la conciencia histórica.

Apoyándonos en las anteriores premisas y contemplando la realidad de las naciones hispanoamericanas, podemos definir que nuestra Conciencia religiosa está en el cristianismo católico, que nuestra Conciencia cultural está en el Hispanismo o  Hispanoamericanismo, (si se entiende a la cultura española modificada por la realidad del continente americano), ya que nuestro idioma es el español, nuestros nombres y apellidos son mayoritariamente españoles, y por ser nuestras costumbres básicamente hispánicas.

Entendido lo anterior, debemos colegir que nuestra Conciencia histórica deberá estar nutrida por los acontecimientos mas importantes que crearon y conformaron a Hispanoamérica, añadiendo a esta conciencia, las posibilidades de contribuir al engrandecimiento y perfección de nuestro entorno nacional.

Cuando estudiamos la historia hispanoamericana, nuestra Conciencia Histórica nos obliga a adecuar nuestro ser contemporáneo al momento de la Conquista militar y espiritual del Nuevo Mundo; a las ideas y acciones que se tomaron desde las últimas décadas del siglo XV y las primeras del siglo XVI.

Ser consciente de nuestra Historia, es tratar de entender aquella gesta única, despojarnos de los prejuicios tan comunes hoy en día como son: el subjetivismo protestante, el romanticismo decimonónico, el pernicioso indigenismo, el materialismo dialéctico y el pragmatismo económico que ensombrecen la mente de casi todos los pensadores e investigadores contemporáneos, principalmente los que se refieren a la historia de la Conquista española.

Tener Conciencia Histórica Hispanoamericana es dejar de lado la perniciosa Leyenda Negra impulsada por los protestantes anglosajones contra España, Hispanoamérica y la Religión Católica.

Nuestra Conciencia Histórica nos revela, también, que a pesar del paso de los cinco siglos que nos separan de los actores de la epopeya conquistadora, nos une con ellos, el hilo conductor de la misma religión y de la misma cultura.

Es por esto, que no nos es difícil encofrarnos en personajes como Hernán Cortés y sus capitanes, en fray Toribio de Benavente y los evangelizadores, en Bernal Díaz del Castillo y los numerosos cronistas que dejaron sus memorias de aquel acontecimiento.

Que con la Conquista y los tres siglos del Virreinato, los nativos americanos fueron arrancados de su oprobioso paganismo carente de toda caridad para con sus semejantes, de su aislamiento milenario, de su atraso neolítico, y fueron puestos en la corriente de la civilización cristiana a diferencia de lo que hicieron los colonizadores protestantes, quienes en las regiones donde se asentaron, eliminaron sin más, a las poblaciones nativas.

Está claro que entre los conquistadores hubo actos heroicos, edificantes, caritativos y sombríos, características, todas estas, inherentes al ser humano. Qué el choque que se produjo causó muchos perjuicios a los pueblos conquistados; pero también España, en su conjunto, se despobló de sus mejores hijos, de los mas valientes, de los más emprendedores que se atrevieron a cruzar el océano tormentoso sin miedo a la muerte.  
Con la Conquista española del siglo XVI comenzaron a nacer nuevas sociedades construidas sobre tierras y pueblos dispares. Con la Conquista española se ensanchó el mundo occidental poniendo los fundamentos de nuevas naciones afines a la gran cultura mediterránea greco-latina.

Durante trescientos años, el IMPERIO ESPAÑOL CATÓLICO  englobó a individuos de todas las razas humanas bajo una misma religión,  un mismo idioma y una misma manera de ver la vida. La gran mayoría de los españoles que participaron en la Conquista del siglo XVI se quedaron para siempre en los territorios americanos y mezclaron su sangre con los nativos  formando razas nuevas, producto de esa Conquista.  De los cientos de miles que se asentaron en el continente a lo largo de trescientos años, los hispanoamericanos contemporáneos somos sus descendientes.

 Por lo tanto, la Conciencia Histórica Hispanoamericana nos obliga a reconocer que hay una continuidad cultural y también genética entre los hispanoamericanos actuales y los habitantes de la cuenca mediterránea: la misma religión, iguales nombres y apellidos, el mismo idioma castellano, costumbres y afinidad mental, salidos todos, de la cultura romana original. En cambio, esa continuidad no la tenemos con los pueblos nativos anteriores a la Conquista, aunque también, la haya en lo genético.

Para el hispanoamericano actual, las culturas prehispánicas son tan ajenas como para cualquier individuo mediterráneo, con lo cual demostramos la mayor importancia de lo cultural sobre lo racial o genético.

El hombre hispanoamericano es consciente de su pertenencia a un orbe de 19 naciones   hermanadas por una misma CONCIENCIA HISTÓRICA. Que  entonces, ya revestido de esta triple armadura espiritual y moral, con un criterio bien formado, podrá afrontar con ventaja, el estado de confusión en que vive la sociedad contemporánea.


VARIOS CONCEPTOS FILOSÓFICOS


ALGUNAS REFLEXIONES PARA LOS LECTORES

 DEL TEXTO SOBRE LA CONCIENCIA HISTÓRICA.


A partir de los siglos XVII y XVIII, principalmente, los pensadores y filósofos del norte de Europa dirigieron exageradamente sus ideas por el camino de las ciencias físicas, alejándose de la metafísica.

El hombre por el solo hecho de serlo, sea religioso o no, debe equilibrar su pensamiento entre lo físico y' lo espiritual. Solamente así estará en condición de no extraviarse intelectualmente.

Cuando se investigan los hechos históricos y se busca la Verdad, se debe estar alerta para evitar caer en ciertos prejuicios, a veces involuntarios, porque casi siempre son el resultado de una formación intelectual defectuosa.

Cuando hablamos de "Subjetivismo protestante" nos referimos a la forma de pensar adquirida por los seguidores del Libre Examen. La libertad sin trabas en cuanto a la religión, imaginando su propia relación con Dios, es decir; utilizando para ello el intelecto o la emoción, de aquí la formación de múltiples sectas. El Subjetivismo es contrario al Objetivismo, siendo éste la realidad de la vida por el conocimiento de nuestros cinco sentidos y por la Razón Natural, mientras que el subjetivismo es el conocimiento de acuerdo con "mi sentir y mi opinión".

Cuando hablamos del "Romanticismo" nos referimos al movimiento filosófico que los pensadores alemanes pusieron en boga desde finales del siglo XVIII y que tuvo su apogeo en todo el siglo XIX, sobre todo en la Literatura y el, Arte. Es la deformación del conocimiento de la realidad objetiva (los hechos de la vida) por medio del sentimiento y de la opinión personal.

Cuando hablamos del "Pernicioso indigenismo" nos referimos a la idealización de los pueblos antiguos, principalmente paganos, atribuyéndoles cualidades que nunca tuvieron en religión, ciencia, filosofía, técnica, tradiciones, salud, etc. etc. Otra vez, se trata de la deformación de la Historia y la Arqueología por razones de partido y de opiniones seudocientíficas.

Cuando hablamos del "Materialismo dialéctico" nos referimos a la dialéctica naturalista expuesta en el siglo XIX por Karl Marx y Federico Engels en Inglaterra. Y cuyos principios materialistas han sido seguidos por los filósofos e historiadores comunistas aplicándolos a la Historia y la Arqueología.

 Cuando hablamos del "Pragmatismo Económico" nos referimos a la corriente filosófica que nació a fines del siglo XIX en U.S.A. y que muchos historiadores la emplean para hacer sus juicios. Tal o cual hecho histórico se entiende, solamente por la conducta económica del momento en cuestión.

 Los anteriores conceptos filosóficos que hemos definido están presentes, en distinta proporción, en el pensamiento y juicio de la mayor parte de los intelectuales contemporáneos; sobre todo los filósofos, historiadores, arqueólogos y profesores de las Universidades, que consciente o inconscientemente comunican esas deformaciones mentales a sus alumnos.

Por lo tanto, la sociedad actual está infectada de Subjetivismo porque responde al ambiente que el llamado "Globalismo" o "Mundialismo" ha venido imponiendo en la mente de las últimas cinco generaciones de habitantes. De éstos solamente una exigua minoría se sale de ese patrón, minoría pensante, de acuerdo al equilibrio de que hablamos al principio de estas reflexiones; equilibrio entre el conocimiento físico y el espiritual.

LA BÚSQUEDA DE DIOS, MIENTRAS VIVIMOS SOBRE LA

TIERRA.


Luis G. Pérez de León Rivero.

Enero-Febrero de 2011


Editó:

LUIS OZDEN