domingo, 3 de marzo de 2013


SEMBLANZA DE HERNÁN CORTÉS



LAS FECHAS CLAVE DE NUESTRA HISTORIA

Este folleto va dirigido a los jóvenes estudiantes interesados en la historia de su patria, quienes por diversas razones,  no han tenido la oportunidad de profundizar  y meditar os acontecimientos que dieron lugar al nacimiento de México.
Se trata de una escueta exposición de la vida y hechos del personaje más importante en la fundación del país,  que tres siglos después de la Conquista  se llamaría  México.
Hernán Cortés al mando de la tercera expedición a tierras de la península de Yucatán que entonces no eran México, el 27 de febrero de 1519 se detuvo en la isla de Cozumel, posteriormente, tuvo dos batallas en el actual territorio de Tabasco, que le detuvieron hasta el 15 de abril, pero el 21 de abril Jueves Santo, la armada fondea junto a la isleta llamada San Juan de Ulúa, esperando al siguiente día para desembarcar en los arenales de Chalchicuecan donde inmediatamente hace la fundación de la Villa Rica de la Vera Cruz el Viernes Santo 22 de abril de 1519.
Para la fundación del primer asentamiento español en tierras tributarias de Moctezuma, se necesitó de la concordancia y aceptación de los principales capitanes y soldados nombrando a Cortés, Capitán general de la expedición y componer el primer cabildo al viejo estilo castellano.
Hernán Cortés rápidamente organizó a todo el cuerpo expedicionario, comenzando por desmantelar las naves, dejando solamente una completa para dar parte al gobernador de Cuba de su proceder y en la que pudieran regresar aquellos “que sintieran miedo”.
La expedición conquistadora comenzó entonces a internarse en territorios desconocidos, participando en batallas y alianzas con las tribus nativas, hasta llegar al altiplano donde se asentaba la capital del señorío cohlúa: Tenochtitlan, residencia de la élite nativa que en la persona de gran Tlatoani Moctezuma recibió al pequeño grupo de españoles y aliados indios el 8 de noviembre de 1519.
A partir de entonces, Cortés y el grupo expedicionario van a ser protagonistas de sucesos con dispar fortuna. Hasta el término de las guerras con la derrota del sucesor en el gobierno de Moctezuna: su yerno Cuauhtémoc, el 13 de agosto de 1521.

EL ODIO A HERNÁN CORTÉS ES IGNORANCIA O MALA FE
Al conquistador, evangelizador y fundador de la Nueva España se le conoce poco y mal por el grueso de la población mexicana. Precisamente su persona es la más calumniada y la más vilipendiada de nuestra historia, a causa de la política esgrimida por el Partido Liberal mexicano. Si bien, en su vida, el Conquistador tuvo muchos enemigos, no  se pueden comparar con la saña que sus enemigos modernos le tienen dentro y fuera de México.
La historia oficial que se imparte a los escolares en los centros de instrucción pública por medio de los textos llamados gratuitos y en muchos de los colegios particulares; desde la Primaria a la Preparatoria, está llena de información deficiente, de mala fe y lo que es peor: de odio inoculado por individuos extranjeros  enemigos de nuestra cultura y religión, así como por mexicanos ignorantes, sin conciencia histórica. La historia oficial y liberal exagera los humanos defectos del conquistador y fundador, concentrándose en los momentos álgidos de las batallas contra los nativos, y transformando a éstos, en inocentes víctimas de la “ferocidad y ambición de los invasores españoles”.
Soslaya por otra parte; el alma medieval de Cortés y de sus capitanes, quienes eran portadores de la civilización hispano cristiana. Que exploraban y conquistaban nuevos pueblos paganos para acrecentar su honra y su hacienda, exponiendo sus vidas sin miedo a la muerte para ganar mayores territorios, y ponerlos a los pies de Cristo Rey y de sus representantes en la tierra: el Papa y el Emperador.
Desde que salió de Cuba la nueva armada compuesta de 11 naves  el 10 de febrero de 1519, Hernán Cortés tenía en mente, rescatar a los españoles prisioneros de los indios mayas, combatir el paganismo existente, hacer alianzas con los pobladores que reconocieran al rey de España y hacer la guerra a los que se opusiesen. Por la razón del Derecho de Conquista que era reconocido por todos los pueblos del viejo Mundo en aquellos tiempos.


La historia oficial y liberal omite también, que Hernán Cortés desde que oyó hablar del fabuloso reino de Cohlúa, había quedado fascinado por él. Y que una vez puesto sus pies en los arenales de la Vera Cruz, comenzó una transformación en su alma, haciendo de su conquista una de la gestas más grandes de la historia universal.

EL AMOR A LA TIERRA DE SU CONQUISTA
Sin olvidar su España nativa, pidió al emperador don Carlos que estas tierras se llamasen la Nueva España del mar Océano, por la gran similitud a los reinos de Castilla “en sus aires, en sus montañas, en su fauna y en su flora”. Cortés se enamoró del paisaje, del ambiente y de las mujeres indias.
De su relación con doña Marina su inseparable faraute, nació en 1522 su primer hijo varón, llamado por algunos “el primer mexicano”, lo bautizó con el nombre de su padre: Martín. Lo educó con mucho cariño y a su debido tiempo pidió al Papa  Clemente VII que se lo legitimara. Cosa que ocurrió por bula del 16 de abril de 1529.
Niño aún, lo llevó con él a España en 1528, para ponerlo en manos de personas de su confianza proporcionándole una esmerada educación que culminó como paje del príncipe don Felipe, oficial de los tercios españoles, Comendador de la Orden de Santiago y gentilhombre de Cámara del rey Felipe III. Martín casó en España con Bernardina de Porres Agoncillo dama noble cuyos descendientes están  reconocidos en la actualidad y de los cuales la más famosa es la ex reina Fabiola de Bélgica.
Cortés no se olvidó de Malintzin, conocida por todos como doña Marina, y en nombre de la reina doña Juana y su hijo don Carlos, la dotó de tierras, propiedades y cacicazgos, haciéndola rica hembra, buen partido para uno de los principales señores de la nueva nación: el regidor Juan Alonso Jaramillo, años mas tarde alcalde la de incipiente capital novohispana. Doña Marina tuvo una hija con Jaramillo, bautizada como María y de quien existen aún descendientes.
A pocos meses de nacer su primer hijo varón, Cortés dio dinero a su amigo y cuñado Juan Xuárez de Marcaida para traer a Catalina, su esposa, y  familia a Coyoacán;  encargo cumplido en julio de 1522, cuando junto a  sus hermanas, su madre María de Marcaida, amistades y sirvientes cubanos arribaron todos al recién conquistado territorio.
Catalina murió a fines de ese mismo año de una enfermedad llamada entonces como mal de madre, especie de angina de pecho que también padecían dos de sus hermanas, quienes andando los años murieron de lo mismo.
Catalina Xuárez de Marcaida, recordemos, se había casado con don Hernán en la Isla de Cuba por presiones del gobernador Diego Velázquez.

LOS EVANGELIZADORES
Don Hernando, pidió en 1523 al emperador que le enviara religiosos santos para consolidar la evangelización de los indios. El emperador le envió 12 de los mejores intelectuales religiosos que había en España.
El grupo pisó tierra en Veracruz el 13 de mayo de 1524. Fungía como su director fray Martín de Valencia, siendo  los otros once misioneros:
Martín de la Coruña, Juan Juárez, Francisco de Soto, Antonio García Rodríguez, Toribio de Benavente, García de Cisneros, Luis de Fuensalida, Juan de Palos, Juan de Rivas, Francisco Jiménez y Andrés de Córdoba.
Todos los frailes franciscanos incluyendo a los tres flamencos: fray Pedro de Gante, fray Juan de Tecto y fray Juan de Ayora, se desempeñaron heroicamente en su ministerio evangelizando a los indios, junto a ellos, los hermanos de las otras órdenes religiosas que llegaron sucesivamente a lo largo del siglo XVI, sentaron las bases del acendrado catolicismo del pueblo mexicano.
Durante los cuatro años de su gobierno, Hernán Cortés, organizó el nuevo Reino, fomentó el asentamiento de las familias de los conquistadores, siendo  cientos de ellos, antepasados de decenas de miles de mexicanos de hoy en día.
Para poblar la tierra nuevamente conquistada propició la emigración de nuevos colonos, exploró personalmente y envió a explorar las nuevas tierras en busca de minas de metales preciosos, para que estos fueran la base de la riqueza agrícola y ganadera que formó. Escribió a su padre don Martín, que a su costa le enviara toda suerte de plantas, árboles y animales para reproducirlos en la nueva tierra.
Por esa época, Cortés, mandó construir el primer hospital en toda forma, de la llamada “tierra firme” americana. Aunque ya existía desde 1520 un hospital itinerante a cargo del padre Bartolomé de Olmedo. Fue esa fundación el edificio que albergó; primero a españoles y mas tarde a todas las castas.
 El Hospital de Nuestra Señora de la Limpia y Pura Concepción, ahora conocido como el Hospital de Jesús, se fundó en el año de 1524 en el lugar conocido como Huitzilán, hermosa huerta donde según la tradición; Hernán Cortés y Moctezuma se encontraron por primera vez en noviembre de 1519, (esquina de las calles de Pino Suárez y república del Salvador del Centro Histórico de la ciudad de México). El papa Clemente VII confirmó a Hernán Cortés como Patrono Perpetuo del Hospital para él y sus descendientes. Esta institución es la Obra Pía más antigua que no ha dejado de prestar sus servicios ni un solo día, a lo largo de 485 años en todo el continente americano.
La primitiva capilla del Hospital se convirtió con los años en un templo grande y bien provisto, siendo asiento a fines del siglo XVIII del monumento, obra del arquitecto José del Mazo, donde se colocaron los restos de Cortés en una urna sobre la cual estaba la efigie en busto que el afamado escultor Manuel Tolsá esculpió en bronce dorado.
Cuando el Conquistador regresó a España en 1528 para recibir el justo reconocimiento por sus servicios a la corona, Hernán Cortés a los 43 años de edad estaba en el apogeo de su vida. En la villa de Béjar celebró su segundo matrimonio, esta vez, con doña Juana de Zúñiga y Ramírez de Arellano, dama de la más alta nobleza castellana.
Pero el fundador de la Nueva España no deseaba establecerse en Extremadura como algunos otros conquistadores, su hacienda y su vida estaban definitivamente en esta tierra, por lo que en compañía de su madre doña Catalina Pizarro Altamirano, de su mujer doña Juana, ya encinta, y de más de 400 parientes y amigos se embarcaron en varios navíos en pos de su marquesado americano.
De 1530 a 1540, desde la sede del palacio de Cuernavaca, Cortés va a desplegar una intensa actividad en todos los órdenes, aunque con distinto fruto, para explorar, conquistar, construir, fundar, evangelizar; en una palabra: civilizar al nuevo país que andando el tiempo sería México.
En 1540, la inconsecuencia imperial y la envidia de sus enemigos de Cuba, interrumpió la fecunda vida del Conquistador, fundador y poblador..
Don Carlos, urge a su súbdito, quien le ha dado más tierras y más súbditos que todos los que le heredaron sus antepasados, a presentarse en la Corte para responder a las numerosas acusaciones, la mayoría infundadas, de sus viejos y nuevos enemigos.
El viejo conquistador obedeció, y creyendo que su ausencia de Cuernavaca se limitará a solo un par de años; deja a su familia en Cuernavaca: su esposa la marquesa, sus hijas María, Catalina y Juana al encargo de su primo el licenciado Altamirano, así como a otros hijos suyos reconocidos por la Iglesia y emprende el largo viaje en compañía de su segundo hijo varón, también llamado Martín, de solo 8 años de edad.
Don Hernando viaja con su conciencia tranquila, esperanzado de que por falta de pruebas, tal vez, pueda cerrarse de una vez por todas, el Juicio de residencia: Trámite legal por el que todo aquél que hubiera detentado algún puesto de mando en el Imperio, tenía que cumplir.
Pero cuando llega a la Corte; el Emperador no lo recibe, porque los celos de sus enemigos han emponzoñado la opinión que del conquistador tenía don Carlos I, quien ahora cree que su famoso vasallo tiene ambiciones de alzarse con la tierra; lo supone inmensamente rico con sus 23 mil vasallos en su enorme marquesado y que no debe regresar a la Nueva España porque es demasiado poderoso.
Nada de lo anterior era cierto, como lo demuestra la lealtad que Cortés siempre le mostró siguiendo como un falderillo a la Corte Real, contrayendo cada vez mayores deudas para pagar su costoso tren de vida y siendo ignorado por todos aquellos a quienes había demostrado su amistad.
Al cabo de siete años de vida estéril, iluminados solamente por la creación de su Academia cultural en compañía de algunos de los sabios más célebres de España. Se siente enfermo, percibe que la muerte ronda, por lo que se dirige a Sevilla con ánimo de embarcarse a Nueva España, la tela que él mismo había hilado.
Su salud empeora, por lo que pide a su amigo Juan Alonso Rodríguez de Medina, que le reciba en su casa de la calle Real de Castilleja, frente a Sevilla a la margen derecha del Guadalquivir.
Cortés quiere estar en paz para redactar su testamento, quiere morir como buen cristiano, dejando su cuerpo y su alma bien atados.
En la primera cláusula del largo documento manda escribir:
“ En el Nombre de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, que son Tres Personas en un solo Dios Verdadero, el cual tengo, creo y confieso por mi verdadero Dios y Redentor, y de la Gloriosísima y Venturada Virgen, Su bendita Madre, Señora y Abogada nuestra… sepan cuantos esta carta de testamento vieren, cómo yo D. Fernando Cortés.......
1.- Primeramente mando, que si muriere en estos reinos de España, mi cuerpo sea puesto e depositado en la Iglesia de la Parroquia donde estuviere  situada la casa donde yo falleciere e allí esté en depósito hasta que sea tiempo e a mi sucesor le parezca de llevar mis huesos a la Nueva España, lo que le encargo e mando que ansí haga dentro de diez años e antes si fuese posible e que los lleven a la mi villa de Coyoacán, e allí de den tierra en el monasterio de monjas que mando hacer y edificar en la dicha mi villa......”

Es de hacer notar que las crónicas de la época relatan con asombro; que cuando se cumplió el tiempo de traer a Nueva España sus restos en 1566. Las autoridades sevillanas afirmaban que era la primera vez en presenciar el traslado de restos de España a las Indias, cuando lo común era en sentido contrario. Esta es la prueba incontrovertible de que el corazón de don Hernando se había quedado para siempre en el país por él fundado.
 
Tener Conciencia Histórica es reconocer nuestra Conciencia Religiosa, porque todos los pueblos en alguna medida creen en ser de todo lo creado, no hay pueblos ateos, los que se dicen ateos son individuos aislados inadaptados a la sociedad que les tocó nacer. La Conciencia Cultural que va aparejada a lo anterior, es también reconocer, la cultura que se practica cotidianamente, como son el idioma y el sentimiento de pertenencia a una determinada comunidad.
Por tanto; nuestra nación mexicana se fundó en el siglo XVI, el 13 de agosto de 1521; antes de esa fecha no existía. Como entidad política independiente nació el 27 de septiembre de 1821, antes de esa fecha era parte del Imperio Español.

Luis Ozden.
Marzo de 2012.
BIBLIOGRAFÍA

“Cartas de Relación”,  Hernán Cortés Ed. Porrúa, S.A. 1993

“Crónica de la Nueva España”, Francisco Cervantes de Salazar, Ed. Porrúa S. A. 1993

“Historia verdadera de la Conquista de la Nueva España” Bernal Díaz del Castillo, Ed. Porrúa, S. A. 1993

“Hernán Cortés” , José Luis Martínez, UNAM Ciudad Universitaria, México D.F. 1990. F.C.E. Mex.